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La volaa raimapucina, ok, pero la comunidad con un fin

Este artículo no es fácil escribirlo. Uno ya se fue del colegio y apenas comprende cuál es el escenario de organización y participación que existe entre los estudiantes, apoderados y profesores. Para los alumnos, sé que tuvo gran maduración en la coyuntura de pingüinos el 2006, y el colegio destacó por su aporte; y que ahora sin embargo está algo decaída, al fin y al cabo, como la situación actual de todo el sector estudiantil, y del país en general. Pero igual, sea como sea, es bueno escribirles aquí a lectores desconocidos para contribuir, por mi parte, en la reflexión sobre la mirada que se puede tener del colegio desde afuera, con unos años ya alejado y separado de este. ¿Escribiría si no es para nada?, ¿para simplemente tirar el rollo? Pf, rotundamente no.

Por un lado, salirse de los problemas del Raimapu no es fácil. Uno se acostumbra a no conocer tanta diversidad (como la socioeconómica, como la geográfica, la política, cultural, etc.), se acostumbra al trato constructivo entre profesores y estudiantes, a la libertad para organizarse, y a la motivación y permiso por hacer algo. Y eso a veces llega inclusive a “naturalizarse”, grave problema del colegio: para qué organizarse, algo tan común en la vida; para qué levantar actividades, si siempre hay algunas gestándose; para qué formarse y criticar, algo tan mundano, rollo de cabro chico, muy típico. (¡Muy típico!, salga de su pequeño colegio a mirar mejor). Con todo esto, uno termina desconociendo por completo lo que pasa en otros colegios, más bien, en casi todos los colegios del país y más allá: autoridades educativas enfrentando la organización estudiantil o lucrando con el trabajo de nuestros viejos-as y nuestra educación, conflictos con apoderados y profesores, enseñanza para la aceptación pasiva del país, naturalización de la educación de mercado, falta de crítica a la sociedad, aceptación de un país altamente desigual, pasividad contra esto, etc.

Pero por otro lado, parando el llanto y siendo francos, las ventajas aun así están a la vista. Y principalmente es que; y con los años cada día lo he notado más; el Raimapu va instalando una profunda semilla dentro de los estudiantes de motivación por la transformación social. Las formas de esto son diversas, pero no tan así el contenido. En la universidad tantito: ex cabros del colegio parando iniciativas de organización; en la marcha tantito: gente que era o es del colegio alentando y participando; en la asamblea tantito: un ex cabro levantando la mano y opinando. El Raimapu forma jóvenes, cabros y cabras, que aportan en sus espacios de construcción; y esto es lo mejor, absolutamente lo mejor del colegio.

Y yo creo que, llevando esta idea hasta sus extremos, el Raimapu tiene que ser una máquina de esto: un monstruo profesional de esto, un espacio que no pare de producir y perder el tiempo en generar cabros-as constructores, una instancia imparable en sacar y sacar nuevos cabros y cabras.
Entonces, si no agradecemos esta educación del colegio, esta profunda educación, estamos pegándole poco: nos han tratado de enseñar el valor de la organización, la fuerza de la gente para la transformación social; generar comunidad, reconstruir vínculos tan dormidos en este país, dialogar y criticar (no hacerse los desentendidos como tantos chilenos-as), discutir, plantear, y hacer. Es decir, el Raimapu de verdad crea escuela. Y esa es la famosa comunidad de la que se habla, pero que no valdría nada si fuese pura comunidad y nada más, sin ninguna orientación y fines para hacer algo concreto e irruptor en la vida.

Habrá críticas que hacerle, todos-as lo sabemos. Pero el asunto no es ese. El asunto es que, aún con las críticas posibles de plantearse, de todas formas el Raimapu crea finalmente una profunda y arraigada cultura de la transformación social y tenemos que saber leerla y cada día potenciarla más. Con año clave el 2006, se han levantado excelentes experiencias de organización en sus bases; sabemos cómo los estudiantes fueron referentes de organización y aglutinación, levantamiento de tomas, enseñanza de la LOCE, y etc. Apostando a la masividad, interviniendo un espacio, politizando, sumando compañeros. Todo esto no es azar y el nacimiento del colegio tampoco.

Pero si esto es así, ¿cuál es la gracia de toda esta opinión? Que no siempre pensé así.

Una vez fuera del colegio, no esperaba mucho más de este, no más que mucha buena onda y gente “alternativa”, cierta ideologización (sobreideologización también) sin ninguna práctica efectiva, y algunos valores poco comunes. Cero brillo. Un engrupido más si ese fuese todo el camino. Pero no. Con los años otras cosas se fueron manifestando de a poco: entendí que se incorporaba una cultura distinta, que se conocía gente nueva en esto y se aprendía cómo construían otros y cómo aportaba yo. El mirar las cosas con una perspectiva crítica, el querer nuevas personas para una nueva sociedad; en fin, plantearse de frente contra el Chile neoliberal.

Así, muy conservador en un principio, algo renegado del colegio al terminarlo, he tenido que ceder y reconocer el aporte que es y fue. Antes, no 100% seguro de recomendarlo; ahora, totalmente convencido de que por ahí va el camino, lento como un trabajo de hormiga pero seguro y con paciencia; que una vez superada la burbuja hay gran base para plantearse de frente al país y las necesidades de su gente. Entendiendo qué papel cumplía cada profesor para lograr esto y entendiendo que es una suerte que hay que explotar, sacarle provecho y potenciarla. En fin, una gran suerte de nuestra crianza, de nuestra profunda escuela de cabros chicos, a respetar y reproducir. Podemos seguir diciendo muchas cosas. Pero filo: en el futuro, cuando usted salga del colegio, tal vez comparta más este particular punto de vista conmigo. Y en el presente, en la vida cotidiana misma, es que tenemos que ir trazando las rutas para potenciar esto. Es que si no nos vamos a topar nunca en el mismo camino, ni hoy ni en unos años más, ¿para qué escribir esto? Contra la educación de mercado, Raimapu organizado.

 

Domingo Pérez
Ex estudiante Raimapu.
Egresó el 2004
Licenciado en Sociología. Universidad de Chile.